Hysterie: Nouvelle Iconography

¿Qué puede haber significado el término espectáculo en la expresión espectáculo del dolor? En mi opinión, se trata de una pregunta íntimamente infernal, llena de aristas, estridente […] Pongo en cuestión esta atroz paradoja: la histeria fue, a lo largo de toda su historia, un dolor que se vio forzado a ser inventado como espectáculo y como imagen; que llego a inventarse a sí misma mientras decrecía el talento de los considerados inventores de la histeria.

La invención de la Histeria

George Didi-Huberman

 

No es casualidad que mi obra artística se materialice en un tono gris neutro de base, que no sólo sirve de conexión con una escena de la Salpêtrière, sino que también desmaterializa cualquier referencia temporal. La reducida paleta de color empleada está al servicio del proceso de rememoración. Ilumina lo que se quiere traer al presente de aquellas fuentes fotográficas, al resto no se alude: mobiliarios, estancias, atrezos, etc. La elipsis cromática sirve también para interpretar el cuerpo afligido y mísero, es el palimpsesto que conserva en su interior todo un catálogo de cuerpos poseídos, violentados, cuerpos propiamente enajenados, que representan el efecto del espectáculo histérico en la propia carne. La identidad del sujeto queda también disuelta en la escena, que se convierte en una representación fenomenológica de la histeria, no del sujeto histérico.

La búsqueda de su origen y las reflexiones provocadas a partir de la indagación en la historia de la histeria, fueron tejiendo a su vez una red de referencias exógenas a la línea de investigación principal, que si bien procedían de autores, pensadores y fuentes de diversas épocas, compartían un mismo hilo conductor. Eran imágenes que colocaban a la mujer privada de libertad en una posición secundaria dentro de la sociedad del momento, pero que para otros era el centro y objeto de estudio de una reflexión conceptual. El juego intelectual que esto provocaba, el hecho de preguntarse si era posible plantear una reconstrucción de la iconografía de la Salpêtrière desde la práctica artística, resultaba interesante porque obligaba a situarse ante sus estigmas. Investigar la histeria en la época de Charcot significaba pensar en la sociedad que la produjo y así contrastarla, aunque fuera inconscientemente, con la nuestra, aquella que como diría Voltaire, no suprimió la barbarie, sino que la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara.

De este modo, la recreación y actualización de dichos estigmas, la realización de nuevas versiones de las fuentes fotográficas de la Salpêtrière, constituía en el plano del proceso artístico una suerte de rito sombrío, de rememoración siniestra. Desde un punto de vista pragmático, era necesario como paso intermedio para acometer la producción pictórica de la obra, pero su mayor utilidad no era ésta, sino que dicho procedimiento en sí mismo servía de síntesis de la información estudiada. La nueva escena que se deduce del proceso buscaba ser atemporal. La imagen muestra la histeria descontextualizada del momento histórico en el que se produce, provocando la conexión entre el tiempo de la fuente y el de la obra. Los mecanismos utilizados para ello, como la reelaboración de la fuente fotográfica, la apropiación de la iconografía histérica, la reinterpretación y la autorrepresentación, se constituyeron entonces como valiosas herramientas para consumar el ritual que permitía traer de algún modo dichas escenas al presente, acercándolas a la propia experiencia y al propio cuerpo.

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Richer. Cuadro sinóptico del« gran ataque histérico y regular», con posturas típicas y variantes. Études cliniques sur la grande hyetérie, París, Delahaye&Lecrosnier, 1881
detalle
Simulacro histérico detalle

 

 

 

Histoire de l’hystérie (Historia histeria)

Histoire de l’hystérie hace un repaso por la historia de la histeria en imágenes. Compuesto por la portada de los documentos de la Iconographie Photographique de la Salpêtrière 1876-1877, una lámina fotografía de Londe, la tabla con el gran ataque histérico de Richer y como no, el director principal de la obra Jean-Martin Charcot.
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Grafito sobre papel 30 x 40 cm

 

 

 

 

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